Una semana de esto y sabemos que falta mucho más. No nos gusta pensar tanto en eso, vivimos cada día, con la ilusión de que cada día es uno más cerca del fin de la peli que vimos tantas veces en TNT. El virus que ataca, la gente atrincherada, las puertas cerradas. No nos convertimos en zombies, pero hay una enfermedad común y corriente, como gripe, que asusta más porque la podría tener cualquiera y capaz ni nos damos cuenta.
Y ahi el primer sentimiento, el miedo. Ese que conocemos todes, lo vimos desde el primer día. El miedo a no tener a mamá, el miedo caerse, a desaprobar, a salir, a jugársela, a perder. Y hoy una enfermedad que, aunque a algunes no nos de miedo a morir, nos da miedo a no haber vivido. Revalorar lo cotidiano es eso, es pensar en salir a tomar una birra con nostalgia. Algo tan simple y chiquito. Abrazar a tus amigues, a tu mamá, a tu abuela, almorzar en familia, salir a bailar. Extrañamos lo usual y eso nos sorprende. Me alivia saber que siempre celebré los pequeños momentos, reconocí en ellos rápidamente el milagro.
Dos cosas leí recientemente en un libro: la felicidad no necesita testigos, se basta a sí misma. Y la felicidad también es eso; los pequeños milagros. Como compartir una birra con alguien que querés, eso también es un milagro.
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