Es sábado 21 de marzo y seguimos atravesando esto con sorprendente calma. Una sociedad de la ansiedad, totalmente quieta. Se escuchan las cortadoras de pasto, las músicas en los jardines, dos nenas jugando a algo, mi compañero tocando la guitarra, una madre cantando, un vecino intentando arrancar el auto. Detrás de cada puerta y debajo de cada techo se organiza y se reorganiza un mundo donde necesariamente nos volvemos a encontrar. Para quienes viven hace mucho tiempo en la misma casa, con las mismas personas, la vida cotidiana cambió. A varios días de cuarentena, evadirse ya no es una opción, ¿cuánto tiempo podés estar encerrado/a en tu pieza? ¿cuánto podés negarte a la idea de hacer una tarea doméstica? en un momento mirás la hora, son las cuatro de la tarde, y hasta te dan ganas que te pidan que hagas algo.
Y para quienes están solos/solas, habrán habilitado las videollamadas a pleno, pues aquí queda más que claro que somos seres sociales y queremos compartir hasta el color de las medias que lavamos hoy a la mañana.
En este evento se iguala todo. Las redes sociales -expresión una vez más de nuestras vidas (o de lo que queremos mostrar de ella)- nos tienen a todes, desde Ricky Martin y Jennifer Aniston, hasta mis compañeros de la primaria en exactamente la misma situación, en su casa viendo qué hacer. Ya no competimos por actividades interesantes, nadie está yendo a pasear a Miami, nadie está comprándose algo de marca, ni una persona está en un recital o en un boliche con amigues. Todes en la misma, entre barrer y hacer una clase de zumba virtual.
Vuelvo siempre a ese lugar porque es el que más me maravilla, lo iguales que somos ante este fenómeno que no distingue. Hoy Oriana Sabatini anunció en su instagram que dio positivo en el test del virus, ella y su novio perfecto Paulo Dybala. Pues bien, si hasta ellos pueden contagiarse, no tienen punto de diferencia con mi tia Anna que vive en Temperley. Esa es la magia de esto que atravesamos. Todos en la misma.
¡Muy bueno!
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