miércoles, 13 de mayo de 2020

Anécdotas de cuarentena

La que conoció a un chico en la fila de Jumbo, la que compró cera depilatoria por primera vez en su vida, la que hizo yoga por primera vez, la que se cruzó a un chico en la calle que le pareció lindo, a la que haciendo un vivo se le rompió un estante encima.
En cuarentena las historias cambiaron. Parece que no tenemos anécdotas que contar. "¿Qué vas a hacer el finde?" es una pregunta que no existe. Cuando arrancás una videollamada sentis que no tenés nada que responder a "¿Qué contás?", que se yo, acá, en mi casa, todo el tiempo. Y las historias empiezan con "ayer fui a la verdulería y...". Después pensás un poco más y se te ocurre algo, porque nuestra vida sigue, solo que diferente -muy diferente- a como era.
En cuarentena es difícil que conozcas a alguien nuevo además de la persona con la que compartis el techo, llegado el caso de que lo compartas, o tal vez los vecinos, te haces amigo del señor de la galletitería, del carnicero, y cuando nadie te ve en la calle te sacas el barbijo, porque no se respira igual con eso puesto.
Extrañamos la calle como un lugar lindo para transitar. Extrañamos caminar relajados, respirar hondo, cruzar miradas con confianza, saludar con un abrazo, no ver nada ni a nadie como una amenaza. Son cosas pequeñas que hoy parecen inmensas. Cambiaron las anécdotas, pero todavía las tenemos, solo son un poco más raras.


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