Encierro no es la palabra más linda que hemos leído. A mi, por lo menos, me hace pensar en cosas que no me gustan, los límites, los condicionamientos, la puerta cerrada o la puerta abierta pero sin poder salir que es hasta un poco peor. Porque la llave la buscamos, las otras cosas son más difíciles de cambiar.
Pero para algunes, como para mí, el encierro es una circunstancia, una experiencia casi sociológica. Nunca estuve tanto tiempo quieta, en un sillón, en el mismo jardín, pensando qué leer o qué cocinar hoy. Pero para otres, el encierro tiene olor a algo conocido, a un lugar donde ya estuvieron, a una experiencia ya vivida y por mucho tiempo. Es el caso de quienes estuvieron internadas en una institución, pudieron salir, aprender a vincularse con el mundo otra vez, y hoy deben volver a quedarse adentro. Para ellas la cuarentena es mucho más que un momento que esperan que termine, una experiencia, un evento histórico. Es otra cosa, requiere de más amor, de más paciencia, de más calma. ¿Cómo se hace? ¿Cómo es volver a guardarse? La obligatoriedad de algo ya nos quita un poco el aire y en este caso cumplirlo es, quedarse en casa, si, pero también es no hacer un montón de cosas que hacíamos. Porque asi de simple como dicen que es, tiene sus complejidades, y aun más para unes que para otres.
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